jueves, 3 de noviembre de 2016

Un abrazo hasta el cielo

Andrea Perla, 25 años.
Gerente de tienda.
Margot, su abuela, murió un 14 de noviembre del 2015. 
Es decir, hace casi un año.
Hoy, Andrea quiere compartir con nosotros todo lo que en vida no pudo decirle a quien fuera su mejor amiga.
Y así como ella, tú también puedes dedicarle algo a esa persona especial, porque es cierto que no sabemos si mañana tendremos un nuevo día, pero también es cierto que así lo tuviéramos muchos de nosotros no nos atrevemos a decir... "te quiero."

El inbox es tuyo.
Alvaro.

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martes, 1 de noviembre de 2016

Las confesiones de mi papá

Entrevistar a alguien que conoces es sumamente difícil, porque responda lo que te responda, tendrás que verl@ todos los días de tu vida.
Aquí, las confesiones de mi papá.

jueves, 27 de octubre de 2016

Vlog #3 ¿Instituto? ¡Ajjjjjjj!

En mi incansable búsqueda de trabajo, encontré un anuncio que me llamó la atención.
Aquí mi respuesta para ellos.

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jueves, 20 de octubre de 2016

A quien grabó el video


Esta historia no es real. Tampoco es ficción.

Deambulé como alma en pena por todo el malecón, dejando que el viento que golpea las olas del mar golpee ahora mis mejillas. La música sonaba en mis oídos a todo volumen, mis gafas de sol cubrían mis ojos incapaces de tener contacto visual con alguien en ese momento; mi gorra azul ocultaba el alboroto ruloso que llevo por cabello, mi jean negro cubría la inestabilidad de mis piernas y unas zapatillas blancas protegían la debilidad de unos pasos que no  sabían a dónde ir.

Había tanta felicidad a mi alrededor. El sol radiante, como nunca. Parecía como si todos me sonrieran, como si todos supieran que necesitaba un abrazo reconfortante que rompiera esa ligera capa de anímico malestar.
Estaba enrronchado de tanto buen humor, de tantas carcajadas andantes, desarrollé en ese mismo instante alergia a la alegría ajena así que apresuré mis pasos casi inertes para salir despavorido de aquel lugar que me producía convulsión intrapersonal.
Pisé el césped para cortar camino a pesar de la malla de seguridad y con cada paso desataba mi furia. Disfrutaba de aplastar esas decenas de plantas finas sin tronco de color verde, ni siquiera me importaba que tengan en sí mi color favorito. Que se jodan. Y con ellas, que se jodan todos. 

Si yo no hubiera sido yo y me hubiera visto desde otra persona, me hubiera dicho mi vida entera, desde antes de nacer y hasta después de morir. 
¡Qué día de...!

Es inevitable estar buen humor todo el tiempo. Los consejos que uno da para los demás se vuelven los más difíciles de poner en práctica cuando se tratan de aplicarlos a tu vida misma. Así que si me da la gana de estar de mal humor, pues lo estoy y punto. 
Bueno entonces no te quejes. Me quejo porque me da la gana y ya cállate. Nos callamos entonces.
¡Qué ridículo eres oye! No te desdobles. Aquí no hay más que tú y tú. ¡Para! Hace tiempo que no hablabas. Hoy quise hablar, hablarte. Hoy yo no quiero escuchar, escucharte. 
Play a la música y asunto resuelto.

Me senté porque el calor era sofocante y hasta respirar me costaba gotas de sudor.
Me saqué los lentes de sol.
Me froté la frente, los ojos y la nariz. Me reacomodé por enésima vez la gorra y peiné mis rulos forajidos que se comportan como niñitos rebeldes.
Volví a ponerme los lentes oscuros como escudo protector y me puse en pie para seguir mi desalentador camino.

Le di varias vueltas en mi cabeza.
Por qué no siempre las cosas salen como uno quiere, por qué, por qué, por qué.
O sea, no siempre lo que uno quiere es lo mejor ¿no? pero cuando uno está de malas, simplemente no importa nada.
Seguí caminando, caminado, caminando, caminando...

Mi respiración era cada vez más lenta, ya empezaba a cantar lo que iba escuchando y eso es una buena señal de que me iba tranquilizando.
Quizá me estaba hartando de con el mal humor seguir andando. Así que deje a cualquier confuso sentimiento continuar reflexionando.

Sentía mi rostro relajarse y mis músculos descomprimirse. Es increíble cómo todo el cuerpo puede expresar lo que dentro de ti está pasando, porque podrás engañar al mundo entero si eso es lo que quieres, pero a ti... a ti jamás.
El playlist me lanzó unas de mis canciones favoritas y fue inevitable contener la emoción. 
Tampoco es que haya hecho una fiesta pública por ello, sonreí un poco y listo. Esa es la pizca de emoción que podría alguien soltar luego de una catarsis existencial.

Fue entonces cuando giré lentamente el rostro  y vi la luz en sus ojos.
Mis lentes oscuros por vez primera no cumplieron su misión. Hice contacto visual.
Su sonrisa frenó mis absurdos pensamientos y su mirada fija en la mía me erizaba.
Alzó una mano en señal de saludo. Yo empujé las mejillas hacia los costados y sonreí estirando los labios. 
No sabía qué hacer luego. No quería irme así como así. Quería hablarle, o que me hable. Llámenlo coqueteo, porque es lo que fue. Y bueno, si el coqueteado era yo...
Empezó a caminar en dirección hacia mi y a unos metros de alcanzarme se sentó en una banca y volvió a sonreír. Yo, hice lo mismo.
Empecé a caminar en dirección hacia la banca en la que estaba, dirección a la que de todas maneras me estaba dirigiendo antes de que aparezca.
Unos metros antes de llegar sobreparé como si tratara de reaccionar ante esta extraña situación. Como si tratara de evaluar si esto era real o no. Si la sonrisa deslumbrante que aceleró mi corazón, era para mi o no. 
Y, sí.
Era para mi. 

Con amor,
A quien grabó el video.
AZM


jueves, 13 de octubre de 2016

Vlog #2 ¿Por qué somos infieles?

Hoy me estuve preguntando porqué algunas personas son infieles y quiero compartir con ustedes mi forma de pensar.
Cuéntame qué opinas tú en los comentarios y...
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jueves, 6 de octubre de 2016

Se fue a bailar sin mí.

                                            

Son exactamente las seis y tres de la mañana.
Estoy entre preocupado y molesto.

Hoy se fue nuevamente a bailar sin mí. No porque no me invitara, fui yo quien no quiso ir.
Siempre va al mismo lugar al que, desde hace algún tiempo, detesto ir. Es un tema de personalidad creo. Los lugares con demasiada gente y bulla en extremo me aturden. Debo intentar pasarla bien porque estando ahí no soy quién para malograrle la fiesta a alguien, pero luego mi cuerpo me pasa la factura. Me duele la cabeza y los ojos. Y todo es superable, menos lo aturdido que termino luego de tanto bullicio y tanta gente buscando un espacio disponible para poder bailar. Todos terminamos bailando espalda con espalda, hombro con hombro. Pareciera como si bailara en medio del Centro de Lima un veinticuatro de diciembre cuando miles de personas buscan comprar el regalo perfecto a última hora. Y yo, en lo personal, no la paso muy bien.

Cuando me propone ir al mismo lugar, terminamos peleando por su constante lucha por convencerme de ir, y por mi firme decisión de no ir a un lugar en el que no me siento cómodo ni un solo minuto.
Le envié un mensaje pidiéndole que no se enoje a dos días de cumplir cuatro años juntos, y menos por un tema como este. "Tranqui. Te aviso cuando llegue a casa. Sí, no te preocupes, siempre voy con cuidado.", me dijo. Y finalizó la conversación con un emoticon de WhatsApp, esos que odio en momentos como éste.

A decir verdad, desperté cual alarma humana a las cuatro y treinta en punto de la mañana. Estaba soñando medio extraño así que agradezco haber abierto los ojos. Saqué el teléfono de debajo de mi almohada y vi la hora, 4:30 am. Y no, no tenía ni un mensaje avisándome que ya había llegado a casa.
No pude ver su última conexión en WhatsApp porque tiene esa opción desactivada. Facebook marcaba que hace tres horas atrás se había conectado, es decir más o menos a la 1:30 de la mañana, y nuestra última conversación fue a las 00:29 am.

Recuerdo que me dijo que su teléfono tenía 8% de batería, así que seguramente a estas alturas no ha de tener pila.
Le dejé un mensaje en WhatsApp:
4:36 am
Amor donde andas
Estoy muy preocupado por ti
No puedo dormir bien
Yo creo que ya es una hora en la que podrías estar en casa.

Para hacer más dramática la historia, almorcé a las  seis de la tarde del sábado luego de fungir de modelo para una sesión de fotos que hice de un amigo que acaba de ganar un premio internacional de moda, y las croquetas de carne molida que me freí al llegar a casa me cayeron para la mierda.
Estuve pegado treinta minutos al baño con unos dolores horribles y con el sinsabor de no tener ni un puto mensaje que me hiciera saber que todo estaba bajo control. Como me gusta.
Me entró un escalofríos que ni las medias para dormir que hace días dejó en mi casa hacían efecto. Tenía manos y brazos helados, no sé si eran efectos secundarios de lo que había comido o si se trataba de algo que le pasaría a cualquier mortal que se levanta a las 4:30 am y que se dirige al baño descalzo con una madrugada tan fría y desolada.

Mi mensaje se mostraba como enviado pero no como recibido y mucho menos leído, lo que me confirmaba que su teléfono estaba apagado. Vi los perfiles de sus amigos más cercanos para ver si había ido con alguno de ellos y posiblemente haya sido así, pero imagino que la han de haber pasado tan bien que nadie puso ni una foto de la fiesta en redes. De haber visto aunque sea una y que ésta me marcara la hora de publicación, hubiera estado más tranquilo.

Escuché ruidos en mi baño unos quince minutos después de que yo saliera. Alguien tosía, abría el caño a cada rato y hacía correr el agua del inodoro repetidas veces.
Le envié un mensaje a mi hermana y me respondió al instante.
Me dijo que ella no era la que se sentía mal, sino su enamorado, le dije que yo también me sentía mal y que tenía la barriga a punto de estallar del dolor.
Cinco minutos después abrió la puerta de mi cuarto y se apareció con la primera tasa de té caliente que me sirve en mis veintidós años de vida. Le agradecí de sobremanera y me tomé toda la infusión cucharada por cucharada. Fue el té más rico del mundo.
El estómago hacía ruidos tenebrosos. Como esas puertas de cabañas de películas de terror en la que la muchacha encuentra refugio antes de que el descuartizador la encuentre.
Empecé a tener reflujo y el sabor de la comida ingerida muchas horas antes volvía asquerosamente.
Pero la panza retomaba su tranquilidad.

Volví a abrir redes sociales y no habían noticias. Ni buenas ni malas.
Y eso es lo peor.
Dicen que las malas noticias son las primeras en llegar, y sí, debe ser cierto, porque la buenas pueden demorar, como en este caso, toda una madrugada.

Ah
No se vayan haciendo ideas por favor.
Confío plenamente en la persona que tengo al lado.
Sé que fue a bailar con amigos del trabajo.
Me caga el hecho de que no se comunique conmigo. Es todo.

Le envié un nuevo mensaje a sabiendas de que no lo leería en ese momento. Pero ya caí en ese juego de "quiero que sepas que estuve muy preocupado y cuando leas esto, luego de tu fiestecita, repares en que nada te costó avisarme de cualquier teléfono (ahora que todos tienen internet ilimitado) que te encuentras bien"
05:39 de la mañana.
¿Dónde andas? :(


AZM

jueves, 29 de septiembre de 2016

Vlog #1 Sin chamba

NUEVO VIDEOOOOOOOO: VLOG #1
¡Hola cómo están, soy Alvaro y estoy nuevamente aquí con mis Zagaladas!
SIN CHAMBAAAAAAAAAAAAAAAAA :'(

 
                        

AZM

martes, 27 de septiembre de 2016

Soy un loco que juega a ser normal

Acabo de despertar de este estado de coma imaginario.
Abrí los ojos y vi la hora en mi teléfono. Eran las seis y veinticuatro en horas de la mañana.
Estiré las piernas los más que pude hasta sentir ese rica sensación de no poder más y forzar ese estirón que produce placer carnal.
Las ventanas de mi habitación estaban empañadas por la brisa del invierno. Sobé mis ojos y pestañeé varias veces seguidas tratando de acostumbrar mi vista a la luz de un domingo madrugador.
Bajé de la cama y terminé de despertar cuando apoyé los pies descalzos en el parquet.
Le jalé la nariz al inmenso mono de peluche que le regalaron a mi hermano y, en tono conciliador, le di los buenos días.
Adoro esos días en los que me levanto muy temprano sin tener nada pendiente. Disfruto de mis días de canciones en inglés, días grises de invierno que me escarapelan el cuerpo y que hacen que mi lado romántico, frágil y soñador tomen posesión de mi. 
Encendí el computador y puse play al reproductor.
Cogí con fuerza las sábanas de mi cama y las arranqué del colchón. Puse unas limpias y las extendí tanto como pude, hasta que no exista pliego que valga.
Abrí la tapa del tacho de ropa sucia y vi que no había mucha. Enchufé la lavadora y metí toda la ropa oscura a lavar. 
Al volver a mi habitación me di cara a cara con la cama de mi hermano y sentí un flashback de cuando le dije claramente de que antes de que se vaya dieciséis días a Estados Unidos, me deje su cama bien tendida, pero no tienen que estar aquí conmigo para imaginarse lo que pasó. No solo no la tendió, sino que además la dejó peor de lo que ya estaba. Encontré bolsas, vouchers de compra, etiquetas de precios y esos rellenos que le ponen a los zapatos cuando están nuevecitos.
Bueno, era domingo de romanticismo, fragilidad y sueños, así que la tendí.
Al acabar tomé al inmenso mono que le regalaron a mi hermano y, en tono conciliador, lo senté en ella. Por fin vas a saber lo que es sentarse en cama limpia, le dije. 
Mi corazón estaba en modo paz. No había preocupaciones en mi. La música seguía en camino y mis abrazos propios encajaban con mi estado de ánimo. Que fluya Alvaro. Que fluya. 
Luego de comer volví a mi habitación. Volví a poner play y me acosté por unos momentos.
Recordé cómo una persona muy especial me reclamaba el hecho de encantarme estar en cama y me pregunté a mi mismo qué hay de malo en ser demasiado hogareño.  Esa es mi forma de vida. Lo siento. Respondía mientras disfrutaba de estar así, echado.
Sin mayor explicación vino a mi mente este espacio que creé para mí, por mi. Los sentimientos eran los precisos para volver. Durante todo el tiempo de ausencia, no abrí para nada la sesión. Ni para ver las visitas, ni las entradas publicadas. Sentía ser injusto y vanal iniciar sesión solo por ello.
Me despegué del cubrecama y tipeé Zagaladas en el buscador. Afortunadamente sigue saliendo en la primera fila en búsquedas a pesar del tiempo en desuso. 
Empecé a leer...a leerme. El cuerpo se me escarapelaba pues al ser autor y, ahora lector, revivía una a una cada nueva entrada ya publicada.
La música de fondo estremecía y vestía cada párrafo de algún post. Sentí que era momento de volver. Sentí que, sin caer en vanidad, a muchas personas había logrado conmover o que algunos otros se habían sentido identificados en algún momento y, luego de muchísimo tiempo fuera, logré conmoverme a mi mismo.
Inicié sesión en blogspot con dificultad pues demoré unos segundos en recodar la contraseña que había elegido años atrás cuando apenas elegía el nombre de este espacio.
Di click en nueva entrada y empecé a narrar esta historia.
Sin tener planeado qué decir, qué escribir o qué contar.
Siempre he querido ser lo más transparente posible. Sentí un nudo en la garganta. El miedo de no tener qué contar o de sentir pérdida de esencia me embargaba.
Tomé aire y... Que fluya Alvaro, que fluya. 

Soy un loco que juega a ser normal. Y siempre ando ganando la batalla. 
Estoy aquí para volcar nuevamente una a una las experiencias que la vida me regaló, me está regalando y me regalará.
Tengo mucho por contar. Hay cosas tan hermosas que he vivido todo este tiempo de ausencia y, hay otras que, los pactos de la vida no me permitirán contar. 
He jugado al cantante, al organizador de despedidas de famosos futbolistas, al viajero, al hombre perfecto.
He jugado a ser feliz.

Estoy listo para contarles la segunda parte de mi historia de vida.
Espero seguir confundiéndolos entre la realidad y la ficción, porque sinceramente esa es mi mayor paga.

Listos o no, aquí voy.


domingo, 17 de enero de 2016

Hola, soy yo:

No quería dedicarte nada en este espacio que fue creado por mí, para mí.
Al menos no en este momento.
¿Sabes? Hoy también soñé contigo, como hace tres noches atrás.
Me haces despertar de golpe en plena madrugada, sudando, con los ojos hinchados de mala noche, con el deseo de dormir profundamente pero con ese insomnio inquebrantable que me persigue luego de levantarme, como cada noche, como hace tres noches atrás.
Tengo puesto el polo que tanto te gusta, me lo puse para escribirte esto que no quería hacer.
¿Lo recuerdas? Aquel polo que tiene nuestra fecha de aniversario, ese mismo que tú te ponías para dormir en la misma cama que compartimos por muchos años, ese polo por el que yo renegaba pues lo usabas para dormir cuando apenas lo había lavado. Sí, te hablo de ese polo.
Ayer me tapé con ese cubrecama que olía a ti, que puse en la ropa sucia desde antes de que te fueras porque te dije que ya olía mal y que debíamos lavarlo.
Hace algunos días lo saqué y no sé cómo pero ahora mismo la tengo cubriéndome mientras te dedico esto que no quería dedicarte.
En mi afán por distraerme me puse a revisar mi teléfono: Mis canciones, mis juegos, mis fotos, mis vídeos.  Y encontré uno que yo mismo grabé mientras me lavaba los dientes y tú te duchabas en aquella ducha en la que alguna vez nos bañamos juntos. Tú estabas jabonándote y yo encendí mi cámara y abrí la cortina de par en par, gritaste mi nombre y empezaste a reír. "Por favor bórralo", me dijiste.
Ya ves que no cumplí.
No fui capaz de leer el último mensaje en WhatsApp que me dejaste.
Vi que lo enviaste pero lo borré s.in siquiera saber qué decía. No quería sentirme peor de lo que ya estaba. Ja. No lo conseguí

Han habido muchos cambios en mi vida, quisiera contártelos y que me escuches como siempre lo hacías. No sabes lo difícil que es dormir sin ti al lado. Ya no siento tus brazos asfixiándome por las noches. Ya no tengo que renegar porque no hay quien quite las sábanas del colchón. Ya duermo tapado todos los días y uso pijamas para no enfermarme.
Mi teléfono lo pierdo de vez en cuando y le he quitado el patrón de seguridad. Puedes venir a revisarlo cuantas veces lo necesites. 
Quité tu foto de mi billetera para no tener que verte cada que la abro.
Pensé que habías empacado todo pero hace poco encontré tu pantalón de pijama y lo boté en mi desesperación por desaparecer todo lo que me recuerde a ti. Pero no sirvió.
Estás en todas partes.
Sé que te fuiste sin tus lentes porque también los encontré. Y los tiré allá arriba del clóset. Junto con la bolsa de cartas, peluches y regalos que me hacías.
Sé que estoy bloqueado de todas tus redes sociales, incluyendo también WhatsApp y quizá estoy en "desvío de llamadas". No he intentado llamarte para evitarme el mal rato.
Todo es muy complicado, ¿no?

Lamento no haber sido la compañía perfecta que merecías.
Ahora casi ya no paro en cama como tanto odiabas.
Tengo mis días ocupados y tengo clases dos veces por semana, fuera del trabajo y del gimnasio.

En serio que es muy difícil.

Espero que estés bien, dentro de todo.
Te mando el abrazo más dulce de este mundo. O si quieres dos, o tres, como me pedías antes de bajar el último escalón de la puerta de mi casa.
Los que tú quieras.

Sonríe, que me enamoré de tu sonrisa.
¡Hasta siempre!

AZM
                              
                                                                                                                                                          




martes, 3 de noviembre de 2015

Que las mujeres no voten

Estás a puertas de soportar un año más esas avispadas campañas electorales. Y no sé si estés listo. Prepárate para engullirte esas fúnebres promesas que nutren a quienes tienen hambre de esperanza y alista un refugio por si tienes que recibir a algún candidato devorado por los carroñeros políticos.
No falta mucho tiempo para que se contamine el parque de la vuelta de tu casa, que se mantiene verde gracias a tus arbitrios, con la imagen de los peces gordos que luchan por el poder y creen poner su mejor foto.

Qué detestable es esto de ir a votar.
No sé si por la complejidad de atragantarte con el tránsito limeño, o por la mediocridad de quienes tratan de gobernarnos.
Es tan absurdo tener que elegir el mal menor.
¿Por qué tenemos que estar sujetos a la misma mierda de siempre? Todos nos damos cuenta, pero nadie hace nada. O quizá, sería mejor preguntarnos qué podemos hacer. (Quizá ya no haya nada más por hacer)

Que las mujeres no voten.
Hemos nacido, crecido y seguimos creciendo bajo estereotipos que nuestros antepasados han fundado, reforzado y asimilado como normal. 
Siempre elijo el ejemplo de  que las mujeres no tenían el derecho a voto, o que los negros y judíos eran esclavos porque es algo que derrumba lo que por mucho tiempo una sociedad ha entendido como dentro de lo normal. Hoy puedo asombrarme y sentirme indignado al pensar que muchísimo tiempo atrás la sociedad tomaba esto como normal.

Pero, un momentito.
Quizá no estaba tan mal la cosa.
Aún hay esperanzas de cambio.
Que la mujeres voten, claro que sí. Que los negros votemos también, y que lo campesinos ejerzan su derecho a voto, pero siempre y cuando tengan un grado mínimo de educación: Gánate ese derecho, tú que no sabes leer ni escribir no puedes tener el mismo derecho que yo, que tengo un grado de análisis mejor que el tuyo y podré saber discernir qué es lo mejor para mi y para ti. Qué es lo mejor para nuestra sociedad.
No es clasista ni discriminatorio, pero escucha, el muchacho que recicla en algún basural y no sabe expresarse, ni leer ni escribir, no puede tener ese derecho de decidir el futuro de su país si cuando se acerca a la cédula de votación no sabe ni qué es lo que tiene en frente.

El voto no debe ser universal. Todos no pueden votar.
En mi país hay un alto grado de pobreza e ignorancia que significa quizá la mayoría de peruanos.
Somos los últimos en comprensión lectora y quizá uno de los primeros en corrupción.
¿Qué puedo esperar de los votantes?
Gánate el derecho de decidir por tu país habiendo terminado el colegio, por lo menos.
No te estoy discriminando, al contrario, quiero que estés preparado para defenderte y valerte por ti mismo.
Estudiar es tu derecho, votar no.

¿Por qué si votar es un derecho juega el mismo rol que un deber?  ¿Por qué me obligan a ejercer un derecho, o por qué me multan si no ejerzo mi derecho? 

Estamos todos locos.
A esto me refiero cuando digo que el mundo ha aceptado vivir bajo reglas que no están del todo claras, pero que por la vejez de las mismas hemos ido aceptando generaciones tras generaciones lo que ya está cimentado sin ejercer mayor crítica.

No pido un esfuerzo sobrenatural. Solo que los que decidamos por nuestro futuro seamos personas con un mínimo grado de instrucción. 
Mi voto consciente no puede ser comparado con el voto que se ejerció porque fue decidido mientras se tomaba la tacita de leche que el candidato le regaló.

Así no juega Perú.



AZM

domingo, 19 de julio de 2015

Princesa de un cuento infinito



Ella era una chica normal. Simpática. Delgada. De cuerpo bien formado. Inteligente y sexy cuando quería serlo. Tenía miles de chicos queriendo conquistarla y, ella, disfrutaba de hacerlos "sufrir" a sabiendas de lo bella que era. O al menos parecía saberse bella.

Encendí mi cámara luego de que se ofreciera a ser mi entrevistada así, tan repentinamente como lo que estaba por suceder, por conocer, por confirmar.
Estábamos en un restaurant y tuvimos que pedir algo de comer para aprovechar en cargar la batería de mi cámara mientras conversábamos tonteria y media, tratando de evadir algunos temas.
Ese maldito e incómodo silencio se apoderó de nosotros, o quizá solo de mi.
Empecé a cuadrar el enfoque, a probar algunas tomas y trataba de manipular lo mejor posible la videocámara para tratar de ocultar mi nerviosismo. Iba a entrevistar a una de mis mejores amigas y quizá en alguna otra circunstancia hubiera estado feliz de hacerlo. Este no era el caso.

-Esto es muy difícil sabes. Nunca he hablado de este tema con nadie y me aterra escabar a mis adentros para poder exteriorizar lo mucho que tengo que decir. Aunque quizá nunca termine diciéndolo todo.

Me quedé mirándola perplejo. Estaba helado. Me sudaban las manos. La cien me latía como si hubiera cobrado vida propia y las preguntas se escabulleron tan bien que eran imposible pronunciarlas.
¿Cómo empezar una entrevista que no quieres que inicie jamás en la vida?

-Si quieres podemos no hacerlo. Esto no es necesario. Busco a otra persona y ya. Evitemos esto, por favor.
-A veces estoy echada en mi cama y no paro de llorar. Me pregunto mil veces por qué me tiene que pasar esto a mi y simplemente nunca encuentro respuesta que pueda calmar mi dolor - evade mi pedido.

Quería detener lo que estaba por suceder, pero al mismo tiempo me seducía la posibilidad de conocer lo que estaba matándola por dentro. Así sería mucho más fácil poder ayudarla.

-Me doy asco. Me veo en el espejo y me siento cerda. ¡No me gusta lo que veo! Algunas veces me digo "tienes algo bonito, quizá tus ojos o tu cabello", pero luego me doy cuenta lo que soy realmente y...
-¡Carajo, no digas eso! -interrumpo forzosamente.  ¡Estás loca! ¡¿Qué te pasa?! ¡No digas eso por favor! ¡Por favor! ¡Por favor! ¡Por favor! ...
-No sabes las veces que me he sentido asquerosa cuando comí alguna hamburguesa porque se me provocó. 
-¡Basta ya, por favor!
-Esto es demasiado. Tengo muchas cosas en casa, en mi. Estoy perdida. Estoy como volando en medio de la nada.
-¡Por favor! -le supliqué una vez más.


Rompió en llanto.
Y sus ojitos verde claro se convirtieron en rojo dolor.
Apagué esa estúpida cámara que provocó tal confesión y me olvidé de mi rol de "periodista". No sabía qué es lo que debía hacer. No estaba preparado para algo tan delicado. Tan real. Tan desgarrador.

-No llores. 
-Esto es horrible. Estoy gorda. Soy fea. Nadie me quiere por eso. Nadie me toma en serio. 

Mi corazón se contrajo y empecé a contener las lágrimas. 
Lo que sólo pasaba en telenovelas se había convertido en realidad. Y lo estaba presenciado a centímetros de distancia. Estábamos compartiendo el mismo aire, el mismo espacio. El tiempo fue demasiado corto para procesar que estaba viviendo un hecho real y para entender que aquella responsabilidad que se me estaba encargando de manera tácita era mucho más compleja y pesada de lo que se veía por televisión.

Algunos meses después la noté atareada. Angustiada.
Aquel día no había almorzado y le ofrecí un jugo y una hamburguesa que espero no se hayan convertido en lágrimas nocturnas.

Me jode no poder asegurar que esté cien por ciento bien porque ya no podemos vernos a diario como lo hacíamos antes, pero tenemos comunicación constante y ella sabe que la quiero muchísimo. Sabe lo hermosa que es y si no lo tiene claro quiero que todo el mundo se entere que es preciosa.
No te enojes conmigo si llegas a leer este post. Estás en el anonimato.
A veces necesitamos conocer y evidenciar nuestros propios demonios para tocar fondo, para chocar con nuestra propia realidad, para presentarnos a nosotros mismos y reparar el daño que nos hemos hecho.

Hay muchos jóvenes que están siendo víctima de sus propios prejucios, que están secuestrando su autoestima y asesinando su felicidad. No reparen en pedir ayuda. No carcomas tu vida con lo putrefacto que puede resultar hacerse daño. Valemos mucho más de lo que nos podemos imaginar. Muchas veces la soledad, los problemas a diario y las competencias externas a las que nos tenemos que enfrentar desgastan nuestras energías y no dejan lugar a nuestras propias necesidades, pero por favor, jamás dejemos que nada sea más importante que nuestro propio bienestar.

¡Habla, grita, exterioriza tu dolor si es necesario!
Por favor, ¡pide ayuda! 

AZM




miércoles, 24 de junio de 2015





Recuerdo que cuando era niño vivía engatusado por esa contagiante y tan perfecta magia que emanaba. A decir verdad, viví enamorado de ella hasta hace unos años. Uno, dos y hasta menos. Resultaba tan real lo que decía, y yo, me dejé llevar sin poner trabas, sin avispar mis sentidos, sin siquiera sellar nuestro pacto de amor en lo que muchos llaman contrato. Caí en sus garras como el más incrédulo. Díganme estúpido si quieren. Quizá lo merezco. 
Fui testigo de sus encuentros apasionados con mi mejor amigo, con mi hermano del alma. Fue él la pieza clave y, posteriormente, el responsable de mi sufrimiento. Fue él quien nos presentó. Cayó en su juego con premura y es posible que siga cojudamente enamorado de ella. 
Empecé a conocerla, quise entablar algún tipo de relación. No quería conformarme con ser uno más del montón. Le di todo de mí durante esos casi ocho meses de trabajarla. Y no le bastó. Ja! La verdad es que no le importó.
Fui puntual en cada cita y accedí a un sin fin de caprichos. Es ingrata, me advirtieron algunos. Y me importó un pincho.
Jamás me atreví a faltarle el respeto, mi amor era puro, era real, desbordante.
¡Carajo,estaba dispuesto a dejarme atrapar por primera vez! Y ni siquiera fue necesario dejar que lo haga, porque su intención jamás fue atraparme.
Para ganarme el título al más huevón presencié, también, cómo desfilaban uno por uno ante sus ojos mientras yo me hacía cada vez más chiquito, más insignificante, más menos-merecedor de ella. 
En ese momento nada importaba. Yo quería guardar las formas, no había por qué armar un escándalo. Pensé en que ella necesitaba espacio, quería respirar tal ves, o conocer nuevos horizontes, no lo sé, no lo cuestionen. Ya no merece un pensamiento más. 
Empecé a analizar nuestra situación cada vez que terminábamos alguna reunión juntos y mis conflictos internos terminaban siempre en lo mismo, te hace daño.
No quería ser yo quien acabara con esto, porque simplemente no estaba en mi corazón querer hacerlo.
En el de ella, sí. Y lo hizo. Y terminó conmigo. Y le puso fin a la historia. A nuestra historia. A mi historia. 
Meses después me buscó, cuando aquella herida no terminaba de cicatrizar porque el ardor de los recuerdos lo impedía. Caí nuevamente. Ella es una maestra. Volví a ser partícipe de sus engaños a diario. 
Algunos días post-reencuentro, reparé en que durante el tiempo que estuvimos separados sus sentimientos dejaron de ser fríos y tiranos, y se convirtió toda ella en un témpano de hielo. En la Antártida hecha mujer.
No estaba dispuesto a agrandar las llagas que ella misma provocó con anterioridad y decidí desaparecer sin avisar, porque aunque fui valiente para salir de su vida, seguía siendo el mismo cobarde que no podía decirle ¡adiós, me largo!

Y, ¿saben algo? No me arrepiento. 
Ahora disfruto y me mofo de todos aquellos que han caído en sus artimañas. Ya los ven ahora peleándose entre ellos. Desgarrándose día a día cada centímetro de piel con tal de tener su total atención. Ya los vemos ahora mismo ventilando sus bajezas amorosas por un punto más de rating, por un segundo de interés público. Ella no vale nada. Y al mismo tiempo, hace que sientas que lo vales todo. Aplaudo el haberme dado cuenta que su magia no es real. Quizá muchos ya lo sabían, pero tenía que vivirlo en carne propia, experimentarlo yo mismo y comprobar que ni media fibra de mi ser iba a caer nuevamente ante sus encantos. Y lo hice, Y lo comprobé. Y me di cuenta que quizá no es tu culpa que estés infestada de basura. El problema es que quienes te sostienen son los verdaderos puercos, que además están bañados en fama y que, por supuesto, no soportarían ver a una chancha parada en televisión nacional.
  
AZM
 "A la que es gorda se le dirá gorda. Y a la que es chancha se le dirá chancha"


Magaly Medina, conductora de televisión.





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martes, 19 de mayo de 2015

Iré yo por ustedes

Ya no sueño con que vengan por mí.
La verdad, ni siquiera puedo asegurar que hayan salido a buscarme.
El sol empieza a ocultarse y no sé si mi mente sigue perdida, o si soy yo quien la tiene prisionera.
No quiero colisionar con la realidad.
Hoy no pude comer. 
Creo que estoy en ese día en el que la mayoría no sale a trabajar porque, al menos por aquí, no vi a nadie.
Mi botella está vacía otra vez y me muero de sed. Caminé hasta ese sitio en donde me la llenan de lluvia, pero no encontré a nadie.
Quizá porque hoy no llovió. O quizá porque creo que estoy en ese día en el que la mayoría no sale a trabajar.
Ya es tiempo de tomar mis pastillas, me alegra tanto ver ese reloj y pillarlo a la hora indicada. Siempre que le clavo una mirada está ahí. Inmóvil. 
Le he perdido el miedo a las calles.
A mi soledad. 
Ya no sueño con que ellos piensen en mí. Porque yo, ni siquiera quiero pensar en ellos. Me duelen los pies. Los tengo muy lastimados. Sangran. 
El ardor por las heridas en mis labios resecos es insufrible.
Cada vez pierdo más peso y me es más difícil recordar quién soy y de dónde vengo. Mucho más, hacía dónde voy.
Ya casi es de noche y tiemblo de frío. Trato de aferrarme a mí. 
Dónde diablos estoy. 
Dónde mierda están. 
Las personas me evaden. Me cierran las lunas del auto. Me lanzan escupitajos. Se burlan de mí. 
No quiero hacerles daño. No soy capaz. Solo quiero agua y comida.
A veces me enfurezco. Sí. 
Porque me descontrola su indiferencia.
Entonces es ahí cuando lanzo todas mis botellas vacías. Sin lluvia. Cuando soy yo quien se ríe de ellos. 
Soy yo quien lanza escupitajos. 
Y soy yo, también, quien les rompe las lunas del auto. 
Veo que todos gritan. 
Corren. 
Se asustan.
Y eso es lo que quiero.
Corran. Huyan. Griten. Lloren. Piérdanse. 
Y déjenme en paz.
El casi, se ha ido. Ya es de noche y sigo deambulando.  
Hay un auto estacionado lleno de pasajeros y un loco me mira.
Y yo lo miro. 
¿Ha venido por mí?
No. Yo ya no sueño con que vengan por mí. Que ni se les ocurra venir por mí. No quiero que vengan por mí. 
Yo estoy bien así.
Sola.
Con hambre.
Con sed. 
Llena de heridas.
De sangre.
Llena de burlas. 
Yo estoy bien así.
Felizmente he pegado una mirada a mi reloj y ya es hora de tomar mis pastillas. 
Pero no quiero calmarme. 
Quiero destruir todo. 
A puño limpio.
Romperme el cuerpo si es necesario.
Quiero encontrarlos y matarlos a golpes.
Porque no me buscaron
Porque estoy aquí desde hace mucho tiempo. Porque era parte de ellos
Porque no me buscaron.
Quiero quebrar uno a uno cada parte de su cuerpo.
Loca.
Orate.
Así como soy.
Y nada de eso se comparará con la vida que ellos me impusieron.
Ya no sueño con que vengan por mí.
Porque iré yo por ustedes.











domingo, 10 de mayo de 2015

La tía Susy

"La verdad decidimos tomar nuestra distancia a raíz de lo que había pasado. Tenías y teníamos que asimilar las cosas. No era una situación fácil. Pero siempre los he tenido presente a tí y a tus hijos. Siempre."

Domingo por la mañana. Día de la Madre.
-¿Y cuáles son los planes para hoy? ...Papi, ¿sabes? Me levanté y me acordé de mi tía Susy, así de la nada. Y no sé por qué. 
-Yo estuve pensando en ella la semana pasada. ¡Vamos hoy a visitarla!
-¡Vamos!

Tuvimos un recorrido bastante largo. De casa salimos rumbo a otro distrito en busca de una de las mujeres de mi vida. Aquella que es una dama de pies a cabeza. Aquella mujer que se roba risas de propios y ajenos. Aquella señora que recuerda, a sus más de ochenta años, cuánto es doce por doce y que corrije cuando escriben vino con b. Mi mama Dora. Es tan lindo verla. Escucharla. Tomarle las manos. Es una mujer muy fuerte. Tiene mucho amor para dar y estoy dispuesto a recibirlo por siempre. No quiero que nunca nos dejes y si sueno egoísta no me importa. Quiero ser egoísta contigo siempre. 

(...)

Camino a casa de la tía Susy pensaba en cómo iba a ser ese reencuentro. 
Hemos compartido muchas cosas. Algún tiempo, si mal no recuerdo, hemos compartido hasta el mismo techo y los lazos, para con quienes compartes momentos felices pero también episodios durísimos, son muy fuertes por más tiempo que pase.
Fui conversando con Luchito, primo mío (aunque hoy por hoy "Luchito" ya no es tan Luchito), para avisarle que estábamos en camino.

La vida no es fácil para nadie. Y la de ella y, por ende, la de mis primos no ha sido la excepción.
Sobrellevar un hogar: Mamá, papá e hijos, es sumamente complicado. Y mantenerla feliz es el doble de difícil. 
Hubieron una serie de hechos que hicieron que nuestros lazos se resquebrajaran un poco, quizá. Y fuimos perdiendo el contacto unos a otros. La familia se estaba desmoronando. La mierda iba ganando. Y nos llevaba mucha ventaja.

Pero no hay mal que dure mil años, ni cuerpo que lo resista ¿no es cierto?
Pues el mal terminó. Terminó.

(...)

Uno nunca sabe lo fuerte que puedes ser hasta que ser fuerte es la única opción que tienes.
Y si hoy conoces a alguien que ha sabido levantarse después de tan aparatosa caída ve y celébralo junto a él o ella. No sabes lo desgastante que es. Y no puedes imaginarte lo bien que puedes hacer sentir a esa persona. Nunca calles lo bueno que tienes por decir porque quizá tus palabras sean la recarga de batería que esa persona necesita pero que grita silenciosamente.

(...)

Nuestra estadía fue reconfortante. Al verlos, al verla... El corazón no falla, y el mío estaba muy contento de estar ahí. El aura de lo que hoy es realmente un hogar para ellos era de un color y de un olor agradable. Tenían una sonrisa contagiante y unas ganas imparables de contarnos todo lo bueno y todo lo malo que han tenido que pasar para ser hoy poseedores de luz.



Tía Susy:
Quizá para tí soy un sobrino de veintún años que aún tiene mucho por vivir y que no sabe nada de la vida. Y quizá sea cierto. Pero quiero que sepas que estoy muy orgulloso de ser parte de tu vida. Estoy muy feliz de haber conocido hoy a la verdadera Susy Villaverde. A la mujer fuerte. A la madre coraje. A la mujer que se valora, que se quiere, que se respeta. Aquella que hoy puede mirar a los ojos a cualquier persona que se le ponga en frente y así decir: "Sí, sufrí. Pero estoy aquí por mí y por mis hijos." Eres muy valiosa. ¿Sabes algo? Hemos compartido tres botellas de cerveza por ti, porque la verdad odio el trago, pero tu fortaleza y tu buena vibra hizo que sintiera que aquella bebida que recorría ahora mi garganta, se convierta en el sabor más dulce del mundo.

Gracias por levantarte. Gracias por hacerme ver que mis problemas no son nada. Que se puede resurgir desde lo más hondo. Que es posible sacudirse tanta mierda de encima. No importa cuánto tiempo hayamos estado revolcándonos en el estiércol. Lo que verdaderamente importa es saber cuando decir ¡basta!

Mi intención no es jamás juzgarte ni juzgar a nada ni a nadie. Mi única intención es hacerte saber lo grande que eres y lo enorme que puedes llegar a ser. 

Gracias por abrirnos las puertas de tu casa. Gracias por esas "tres chelitas". Y gracias por aparecer hoy en mi mente.

Te quiero con todo mi corazón.

AZM





miércoles, 6 de mayo de 2015

¿Cuánto cuesta tu alegría?

¡Espera! ¿Puedo pedirte por favor que elijas una canción tranquila, lenta, y de letra profunda para leer el siguiente escrito?
(...)
¿Ya está todo listo?
(...)
¿De verdad?
(...)
Bien, aquí vamos.

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Hola, qué bueno que hayas venido a vernos.

Estamos aquí desde hace mucho y pensé que te habías olvidado de nosotros.
Aquí últimamente las tormentas no cesan y casi siempre oscurece más temprano de lo normal.
Eso nos lastima.
Antes todo era diferente. Veía el sol ocultarse muy tarde y no dejábamos de reír.
Veo tu cara de asombro, manten la calma que todo está bien.
¿Sabes? Estoy muy feliz de verte. Qué digo 'muy feliz', inmensamente feliz de tenerte aquí.
Has cambiado, aunque no mucho. Solo tienes unos centímetros más que yo y el cabello más ensortijado.

Ven mira, te quiero mostrar algo.
Desde aquí podemos ver todo, al principio este lugar era muy aburrido.
No había nadie más hasta que llegó otro compañero tuyo.
¡¿Cómo que qué compañero?! No digas eso, te puede oír y no quiero que se sienta mal.
Nosotros siempre te tenemos presente, y como ya te dije, desde aquí podemos ver todo.


¿Puedo abrazarte? ...

¡Gracias! Tenía tantas ganas de hacerlo. Sé que necesitabas un abrazo desde hace mucho, te oí decírselo al viento, esa timidez no te deja pedírselo a alguien de carne y hueso.
Tienes que superarlo.


¡Por supuesto que nos parecemos! Y vaya que demoraste en decirlo, pensé que sería lo primero que dirías, pero ya veo que no. 

No sé cómo agradecerte el que hayas venido, sabía que pasaría en algún momento, pero no pensé que fuera tan pronto.
Soy muy feliz de verte, de tenerte frente a frente, de hablarte, tocarte, olerte.


Hemos podido sentir lo mismo que tú durante estos últimos meses. Cuando decaes, cuando sufres, cuando desmayas...

Nuestra vida hemos dejado en manos de tu vida.
¿Cuánto cuesta tu alegría? 

¿Recuerdas cuando mencioné lo pronto que suele oscurecer últimamente en este lado de tu existencia?
Solo tú puedes darnos luz eterna y arco iris de mil colores.
No te aflijas, no sufras, no te preocupes y ocúpate cuando sea necesario.
Llora cuando quieras, pero reponte pronto.
Aquí necesitamos de tu bienestar para poder sobrevivir.
Hemos muerto y hemos renacido miles de veces, pero tememos que nos hagas desaparecer con las ocupaciones que ahora tienes.
Entendemos que estás creciendo, pero también queremos y merecemos vivir.
Piensa en nosotros, solo somos dos: Tu niñez y tu pubertad.
Te hemos dado nuestro corazón para acompañar tus latidos.

Soy yo,
soy tu niño.
No tenemos a nadie más, por ahora, porque pronto estarás tú aquí también con nosotros y será otra fase tuya la que quedará encargada en tierra.
Mientras tanto,
danos vida,
danos luz.
Luz eterna.







¿No te han dado ganas de abrazar a esa niña o niño que fuiste o que aún eres? A mí me acaban de entrar unas ganas locas de ir a buscar a ese niño que físicamente ya no soy. Quiero apapacharlo tan fuerte como pueda.
Pero ese niño soy yo,

ni modo.
Me abrazo.


AZM