martes, 27 de septiembre de 2016

Soy un loco que juega a ser normal

Acabo de despertar de este estado de coma imaginario.
Abrí los ojos y vi la hora en mi teléfono. Eran las seis y veinticuatro en horas de la mañana.
Estiré las piernas los más que pude hasta sentir ese rica sensación de no poder más y forzar ese estirón que produce placer carnal.
Las ventanas de mi habitación estaban empañadas por la brisa del invierno. Sobé mis ojos y pestañeé varias veces seguidas tratando de acostumbrar mi vista a la luz de un domingo madrugador.
Bajé de la cama y terminé de despertar cuando apoyé los pies descalzos en el parquet.
Le jalé la nariz al inmenso mono de peluche que le regalaron a mi hermano y, en tono conciliador, le di los buenos días.
Adoro esos días en los que me levanto muy temprano sin tener nada pendiente. Disfruto de mis días de canciones en inglés, días grises de invierno que me escarapelan el cuerpo y que hacen que mi lado romántico, frágil y soñador tomen posesión de mi. 
Encendí el computador y puse play al reproductor.
Cogí con fuerza las sábanas de mi cama y las arranqué del colchón. Puse unas limpias y las extendí tanto como pude, hasta que no exista pliego que valga.
Abrí la tapa del tacho de ropa sucia y vi que no había mucha. Enchufé la lavadora y metí toda la ropa oscura a lavar. 
Al volver a mi habitación me di cara a cara con la cama de mi hermano y sentí un flashback de cuando le dije claramente de que antes de que se vaya dieciséis días a Estados Unidos, me deje su cama bien tendida, pero no tienen que estar aquí conmigo para imaginarse lo que pasó. No solo no la tendió, sino que además la dejó peor de lo que ya estaba. Encontré bolsas, vouchers de compra, etiquetas de precios y esos rellenos que le ponen a los zapatos cuando están nuevecitos.
Bueno, era domingo de romanticismo, fragilidad y sueños, así que la tendí.
Al acabar tomé al inmenso mono que le regalaron a mi hermano y, en tono conciliador, lo senté en ella. Por fin vas a saber lo que es sentarse en cama limpia, le dije. 
Mi corazón estaba en modo paz. No había preocupaciones en mi. La música seguía en camino y mis abrazos propios encajaban con mi estado de ánimo. Que fluya Alvaro. Que fluya. 
Luego de comer volví a mi habitación. Volví a poner play y me acosté por unos momentos.
Recordé cómo una persona muy especial me reclamaba el hecho de encantarme estar en cama y me pregunté a mi mismo qué hay de malo en ser demasiado hogareño.  Esa es mi forma de vida. Lo siento. Respondía mientras disfrutaba de estar así, echado.
Sin mayor explicación vino a mi mente este espacio que creé para mí, por mi. Los sentimientos eran los precisos para volver. Durante todo el tiempo de ausencia, no abrí para nada la sesión. Ni para ver las visitas, ni las entradas publicadas. Sentía ser injusto y vanal iniciar sesión solo por ello.
Me despegué del cubrecama y tipeé Zagaladas en el buscador. Afortunadamente sigue saliendo en la primera fila en búsquedas a pesar del tiempo en desuso. 
Empecé a leer...a leerme. El cuerpo se me escarapelaba pues al ser autor y, ahora lector, revivía una a una cada nueva entrada ya publicada.
La música de fondo estremecía y vestía cada párrafo de algún post. Sentí que era momento de volver. Sentí que, sin caer en vanidad, a muchas personas había logrado conmover o que algunos otros se habían sentido identificados en algún momento y, luego de muchísimo tiempo fuera, logré conmoverme a mi mismo.
Inicié sesión en blogspot con dificultad pues demoré unos segundos en recodar la contraseña que había elegido años atrás cuando apenas elegía el nombre de este espacio.
Di click en nueva entrada y empecé a narrar esta historia.
Sin tener planeado qué decir, qué escribir o qué contar.
Siempre he querido ser lo más transparente posible. Sentí un nudo en la garganta. El miedo de no tener qué contar o de sentir pérdida de esencia me embargaba.
Tomé aire y... Que fluya Alvaro, que fluya. 

Soy un loco que juega a ser normal. Y siempre ando ganando la batalla. 
Estoy aquí para volcar nuevamente una a una las experiencias que la vida me regaló, me está regalando y me regalará.
Tengo mucho por contar. Hay cosas tan hermosas que he vivido todo este tiempo de ausencia y, hay otras que, los pactos de la vida no me permitirán contar. 
He jugado al cantante, al organizador de despedidas de famosos futbolistas, al viajero, al hombre perfecto.
He jugado a ser feliz.

Estoy listo para contarles la segunda parte de mi historia de vida.
Espero seguir confundiéndolos entre la realidad y la ficción, porque sinceramente esa es mi mayor paga.

Listos o no, aquí voy.


domingo, 17 de enero de 2016

Hola, soy yo:

No quería dedicarte nada en este espacio que fue creado por mí, para mí.
Al menos no en este momento.
¿Sabes? Hoy también soñé contigo, como hace tres noches atrás.
Me haces despertar de golpe en plena madrugada, sudando, con los ojos hinchados de mala noche, con el deseo de dormir profundamente pero con ese insomnio inquebrantable que me persigue luego de levantarme, como cada noche, como hace tres noches atrás.
Tengo puesto el polo que tanto te gusta, me lo puse para escribirte esto que no quería hacer.
¿Lo recuerdas? Aquel polo que tiene nuestra fecha de aniversario, ese mismo que tú te ponías para dormir en la misma cama que compartimos por muchos años, ese polo por el que yo renegaba pues lo usabas para dormir cuando apenas lo había lavado. Sí, te hablo de ese polo.
Ayer me tapé con ese cubrecama que olía a ti, que puse en la ropa sucia desde antes de que te fueras porque te dije que ya olía mal y que debíamos lavarlo.
Hace algunos días lo saqué y no sé cómo pero ahora mismo la tengo cubriéndome mientras te dedico esto que no quería dedicarte.
En mi afán por distraerme me puse a revisar mi teléfono: Mis canciones, mis juegos, mis fotos, mis vídeos.  Y encontré uno que yo mismo grabé mientras me lavaba los dientes y tú te duchabas en aquella ducha en la que alguna vez nos bañamos juntos. Tú estabas jabonándote y yo encendí mi cámara y abrí la cortina de par en par, gritaste mi nombre y empezaste a reír. "Por favor bórralo", me dijiste.
Ya ves que no cumplí.
No fui capaz de leer el último mensaje en WhatsApp que me dejaste.
Vi que lo enviaste pero lo borré s.in siquiera saber qué decía. No quería sentirme peor de lo que ya estaba. Ja. No lo conseguí

Han habido muchos cambios en mi vida, quisiera contártelos y que me escuches como siempre lo hacías. No sabes lo difícil que es dormir sin ti al lado. Ya no siento tus brazos asfixiándome por las noches. Ya no tengo que renegar porque no hay quien quite las sábanas del colchón. Ya duermo tapado todos los días y uso pijamas para no enfermarme.
Mi teléfono lo pierdo de vez en cuando y le he quitado el patrón de seguridad. Puedes venir a revisarlo cuantas veces lo necesites. 
Quité tu foto de mi billetera para no tener que verte cada que la abro.
Pensé que habías empacado todo pero hace poco encontré tu pantalón de pijama y lo boté en mi desesperación por desaparecer todo lo que me recuerde a ti. Pero no sirvió.
Estás en todas partes.
Sé que te fuiste sin tus lentes porque también los encontré. Y los tiré allá arriba del clóset. Junto con la bolsa de cartas, peluches y regalos que me hacías.
Sé que estoy bloqueado de todas tus redes sociales, incluyendo también WhatsApp y quizá estoy en "desvío de llamadas". No he intentado llamarte para evitarme el mal rato.
Todo es muy complicado, ¿no?

Lamento no haber sido la compañía perfecta que merecías.
Ahora casi ya no paro en cama como tanto odiabas.
Tengo mis días ocupados y tengo clases dos veces por semana, fuera del trabajo y del gimnasio.

En serio que es muy difícil.

Espero que estés bien, dentro de todo.
Te mando el abrazo más dulce de este mundo. O si quieres dos, o tres, como me pedías antes de bajar el último escalón de la puerta de mi casa.
Los que tú quieras.

Sonríe, que me enamoré de tu sonrisa.
¡Hasta siempre!

AZM
                              
                                                                                                                                                          




martes, 3 de noviembre de 2015

Que las mujeres no voten

Estás a puertas de soportar un año más esas avispadas campañas electorales. Y no sé si estés listo. Prepárate para engullirte esas fúnebres promesas que nutren a quienes tienen hambre de esperanza y alista un refugio por si tienes que recibir a algún candidato devorado por los carroñeros políticos.
No falta mucho tiempo para que se contamine el parque de la vuelta de tu casa, que se mantiene verde gracias a tus arbitrios, con la imagen de los peces gordos que luchan por el poder y creen poner su mejor foto.

Qué detestable es esto de ir a votar.
No sé si por la complejidad de atragantarte con el tránsito limeño, o por la mediocridad de quienes tratan de gobernarnos.
Es tan absurdo tener que elegir el mal menor.
¿Por qué tenemos que estar sujetos a la misma mierda de siempre? Todos nos damos cuenta, pero nadie hace nada. O quizá, sería mejor preguntarnos qué podemos hacer. (Quizá ya no haya nada más por hacer)

Que las mujeres no voten.
Hemos nacido, crecido y seguimos creciendo bajo estereotipos que nuestros antepasados han fundado, reforzado y asimilado como normal. 
Siempre elijo el ejemplo de  que las mujeres no tenían el derecho a voto, o que los negros y judíos eran esclavos porque es algo que derrumba lo que por mucho tiempo una sociedad ha entendido como dentro de lo normal. Hoy puedo asombrarme y sentirme indignado al pensar que muchísimo tiempo atrás la sociedad tomaba esto como normal.

Pero, un momentito.
Quizá no estaba tan mal la cosa.
Aún hay esperanzas de cambio.
Que la mujeres voten, claro que sí. Que los negros votemos también, y que lo campesinos ejerzan su derecho a voto, pero siempre y cuando tengan un grado mínimo de educación: Gánate ese derecho, tú que no sabes leer ni escribir no puedes tener el mismo derecho que yo, que tengo un grado de análisis mejor que el tuyo y podré saber discernir qué es lo mejor para mi y para ti. Qué es lo mejor para nuestra sociedad.
No es clasista ni discriminatorio, pero escucha, el muchacho que recicla en algún basural y no sabe expresarse, ni leer ni escribir, no puede tener ese derecho de decidir el futuro de su país si cuando se acerca a la cédula de votación no sabe ni qué es lo que tiene en frente.

El voto no debe ser universal. Todos no pueden votar.
En mi país hay un alto grado de pobreza e ignorancia que significa quizá la mayoría de peruanos.
Somos los últimos en comprensión lectora y quizá uno de los primeros en corrupción.
¿Qué puedo esperar de los votantes?
Gánate el derecho de decidir por tu país habiendo terminado el colegio, por lo menos.
No te estoy discriminando, al contrario, quiero que estés preparado para defenderte y valerte por ti mismo.
Estudiar es tu derecho, votar no.

¿Por qué si votar es un derecho juega el mismo rol que un deber?  ¿Por qué me obligan a ejercer un derecho, o por qué me multan si no ejerzo mi derecho? 

Estamos todos locos.
A esto me refiero cuando digo que el mundo ha aceptado vivir bajo reglas que no están del todo claras, pero que por la vejez de las mismas hemos ido aceptando generaciones tras generaciones lo que ya está cimentado sin ejercer mayor crítica.

No pido un esfuerzo sobrenatural. Solo que los que decidamos por nuestro futuro seamos personas con un mínimo grado de instrucción. 
Mi voto consciente no puede ser comparado con el voto que se ejerció porque fue decidido mientras se tomaba la tacita de leche que el candidato le regaló.

Así no juega Perú.



AZM

domingo, 19 de julio de 2015

Princesa de un cuento infinito



Ella era una chica normal. Simpática. Delgada. De cuerpo bien formado. Inteligente y sexy cuando quería serlo. Tenía miles de chicos queriendo conquistarla y, ella, disfrutaba de hacerlos "sufrir" a sabiendas de lo bella que era. O al menos parecía saberse bella.

Encendí mi cámara luego de que se ofreciera a ser mi entrevistada así, tan repentinamente como lo que estaba por suceder, por conocer, por confirmar.
Estábamos en un restaurant y tuvimos que pedir algo de comer para aprovechar en cargar la batería de mi cámara mientras conversábamos tonteria y media, tratando de evadir algunos temas.
Ese maldito e incómodo silencio se apoderó de nosotros, o quizá solo de mi.
Empecé a cuadrar el enfoque, a probar algunas tomas y trataba de manipular lo mejor posible la videocámara para tratar de ocultar mi nerviosismo. Iba a entrevistar a una de mis mejores amigas y quizá en alguna otra circunstancia hubiera estado feliz de hacerlo. Este no era el caso.

-Esto es muy difícil sabes. Nunca he hablado de este tema con nadie y me aterra escabar a mis adentros para poder exteriorizar lo mucho que tengo que decir. Aunque quizá nunca termine diciéndolo todo.

Me quedé mirándola perplejo. Estaba helado. Me sudaban las manos. La cien me latía como si hubiera cobrado vida propia y las preguntas se escabulleron tan bien que eran imposible pronunciarlas.
¿Cómo empezar una entrevista que no quieres que inicie jamás en la vida?

-Si quieres podemos no hacerlo. Esto no es necesario. Busco a otra persona y ya. Evitemos esto, por favor.
-A veces estoy echada en mi cama y no paro de llorar. Me pregunto mil veces por qué me tiene que pasar esto a mi y simplemente nunca encuentro respuesta que pueda calmar mi dolor - evade mi pedido.

Quería detener lo que estaba por suceder, pero al mismo tiempo me seducía la posibilidad de conocer lo que estaba matándola por dentro. Así sería mucho más fácil poder ayudarla.

-Me doy asco. Me veo en el espejo y me siento cerda. ¡No me gusta lo que veo! Algunas veces me digo "tienes algo bonito, quizá tus ojos o tu cabello", pero luego me doy cuenta lo que soy realmente y...
-¡Carajo, no digas eso! -interrumpo forzosamente.  ¡Estás loca! ¡¿Qué te pasa?! ¡No digas eso por favor! ¡Por favor! ¡Por favor! ¡Por favor! ...
-No sabes las veces que me he sentido asquerosa cuando comí alguna hamburguesa porque se me provocó. 
-¡Basta ya, por favor!
-Esto es demasiado. Tengo muchas cosas en casa, en mi. Estoy perdida. Estoy como volando en medio de la nada.
-¡Por favor! -le supliqué una vez más.


Rompió en llanto.
Y sus ojitos verde claro se convirtieron en rojo dolor.
Apagué esa estúpida cámara que provocó tal confesión y me olvidé de mi rol de "periodista". No sabía qué es lo que debía hacer. No estaba preparado para algo tan delicado. Tan real. Tan desgarrador.

-No llores. 
-Esto es horrible. Estoy gorda. Soy fea. Nadie me quiere por eso. Nadie me toma en serio. 

Mi corazón se contrajo y empecé a contener las lágrimas. 
Lo que sólo pasaba en telenovelas se había convertido en realidad. Y lo estaba presenciado a centímetros de distancia. Estábamos compartiendo el mismo aire, el mismo espacio. El tiempo fue demasiado corto para procesar que estaba viviendo un hecho real y para entender que aquella responsabilidad que se me estaba encargando de manera tácita era mucho más compleja y pesada de lo que se veía por televisión.

Algunos meses después la noté atareada. Angustiada.
Aquel día no había almorzado y le ofrecí un jugo y una hamburguesa que espero no se hayan convertido en lágrimas nocturnas.

Me jode no poder asegurar que esté cien por ciento bien porque ya no podemos vernos a diario como lo hacíamos antes, pero tenemos comunicación constante y ella sabe que la quiero muchísimo. Sabe lo hermosa que es y si no lo tiene claro quiero que todo el mundo se entere que es preciosa.
No te enojes conmigo si llegas a leer este post. Estás en el anonimato.
A veces necesitamos conocer y evidenciar nuestros propios demonios para tocar fondo, para chocar con nuestra propia realidad, para presentarnos a nosotros mismos y reparar el daño que nos hemos hecho.

Hay muchos jóvenes que están siendo víctima de sus propios prejucios, que están secuestrando su autoestima y asesinando su felicidad. No reparen en pedir ayuda. No carcomas tu vida con lo putrefacto que puede resultar hacerse daño. Valemos mucho más de lo que nos podemos imaginar. Muchas veces la soledad, los problemas a diario y las competencias externas a las que nos tenemos que enfrentar desgastan nuestras energías y no dejan lugar a nuestras propias necesidades, pero por favor, jamás dejemos que nada sea más importante que nuestro propio bienestar.

¡Habla, grita, exterioriza tu dolor si es necesario!
Por favor, ¡pide ayuda! 

AZM




miércoles, 24 de junio de 2015





Recuerdo que cuando era niño vivía engatusado por esa contagiante y tan perfecta magia que emanaba. A decir verdad, viví enamorado de ella hasta hace unos años. Uno, dos y hasta menos. Resultaba tan real lo que decía, y yo, me dejé llevar sin poner trabas, sin avispar mis sentidos, sin siquiera sellar nuestro pacto de amor en lo que muchos llaman contrato. Caí en sus garras como el más incrédulo. Díganme estúpido si quieren. Quizá lo merezco. 
Fui testigo de sus encuentros apasionados con mi mejor amigo, con mi hermano del alma. Fue él la pieza clave y, posteriormente, el responsable de mi sufrimiento. Fue él quien nos presentó. Cayó en su juego con premura y es posible que siga cojudamente enamorado de ella. 
Empecé a conocerla, quise entablar algún tipo de relación. No quería conformarme con ser uno más del montón. Le di todo de mí durante esos casi ocho meses de trabajarla. Y no le bastó. Ja! La verdad es que no le importó.
Fui puntual en cada cita y accedí a un sin fin de caprichos. Es ingrata, me advirtieron algunos. Y me importó un pincho.
Jamás me atreví a faltarle el respeto, mi amor era puro, era real, desbordante.
¡Carajo,estaba dispuesto a dejarme atrapar por primera vez! Y ni siquiera fue necesario dejar que lo haga, porque su intención jamás fue atraparme.
Para ganarme el título al más huevón presencié, también, cómo desfilaban uno por uno ante sus ojos mientras yo me hacía cada vez más chiquito, más insignificante, más menos-merecedor de ella. 
En ese momento nada importaba. Yo quería guardar las formas, no había por qué armar un escándalo. Pensé en que ella necesitaba espacio, quería respirar tal ves, o conocer nuevos horizontes, no lo sé, no lo cuestionen. Ya no merece un pensamiento más. 
Empecé a analizar nuestra situación cada vez que terminábamos alguna reunión juntos y mis conflictos internos terminaban siempre en lo mismo, te hace daño.
No quería ser yo quien acabara con esto, porque simplemente no estaba en mi corazón querer hacerlo.
En el de ella, sí. Y lo hizo. Y terminó conmigo. Y le puso fin a la historia. A nuestra historia. A mi historia. 
Meses después me buscó, cuando aquella herida no terminaba de cicatrizar porque el ardor de los recuerdos lo impedía. Caí nuevamente. Ella es una maestra. Volví a ser partícipe de sus engaños a diario. 
Algunos días post-reencuentro, reparé en que durante el tiempo que estuvimos separados sus sentimientos dejaron de ser fríos y tiranos, y se convirtió toda ella en un témpano de hielo. En la Antártida hecha mujer.
No estaba dispuesto a agrandar las llagas que ella misma provocó con anterioridad y decidí desaparecer sin avisar, porque aunque fui valiente para salir de su vida, seguía siendo el mismo cobarde que no podía decirle ¡adiós, me largo!

Y, ¿saben algo? No me arrepiento. 
Ahora disfruto y me mofo de todos aquellos que han caído en sus artimañas. Ya los ven ahora peleándose entre ellos. Desgarrándose día a día cada centímetro de piel con tal de tener su total atención. Ya los vemos ahora mismo ventilando sus bajezas amorosas por un punto más de rating, por un segundo de interés público. Ella no vale nada. Y al mismo tiempo, hace que sientas que lo vales todo. Aplaudo el haberme dado cuenta que su magia no es real. Quizá muchos ya lo sabían, pero tenía que vivirlo en carne propia, experimentarlo yo mismo y comprobar que ni media fibra de mi ser iba a caer nuevamente ante sus encantos. Y lo hice, Y lo comprobé. Y me di cuenta que quizá no es tu culpa que estés infestada de basura. El problema es que quienes te sostienen son los verdaderos puercos, que además están bañados en fama y que, por supuesto, no soportarían ver a una chancha parada en televisión nacional.
  
AZM
 "A la que es gorda se le dirá gorda. Y a la que es chancha se le dirá chancha"


Magaly Medina, conductora de televisión.





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